Qué ver en Peñafiel: mucho más que uno de los castillos más bonitos de Valladolid
Hay lugares que sabes que te van a gustar antes incluso de conocerlos. Con Peñafiel me pasó exactamente eso.
Llevaba años queriendo visitar esta villa de Valladolid. Quizá sea porque siento una debilidad especial por los castillos. O quizá porque Valladolid siempre ha sido una tierra muy ligada a mi familia, la tierra de mi padre, una provincia repleta de fortalezas, historia y algunos de los mejores vinos de España. No en vano, Peñafiel se encuentra en pleno corazón de la Ribera del Duero, rodeada de viñedos y bodegas que forman parte de algunas de las marcas más prestigiosas del país.
Aprovechando que este fin de semana había luna llena, nos escapamos tres días para descubrir Peñafiel. Bueno… y también para intentar una de esas pequeñas locuras fotográficas que tanto me gustan: fotografiar el Castillo de Peñafiel con la luna llena. Pero esa historia merece que te la cuente un poco más adelante.
Lo que más me sorprendió de Peñafiel
🏰 Un castillo que parece un barco.
🌙 La posibilidad de fotografiar la luna llena con el Castillo de Peñafiel.
🛏️ Un antiguo convento con unas vistas espectaculares al Castillo de Peñafiel donde puedes dormir.
🍷 Un museo del vino dentro del propio castillo.
🏛️ Una plaza medieval con balcones de madera que se transforma en plaza de toros.
¿Por qué Peñafiel se llama así?
Cuenta la tradición que esta villa recibió su nombre en el año 1013, cuando el conde castellano Sancho García reconquistó la fortaleza que hasta entonces estaba en poder musulmán.
Según la leyenda, al contemplar la fortaleza exclamó: «Desde hoy esta será la peña más fiel de Castilla». Con el paso del tiempo, aquella expresión habría dado origen al nombre de Peñafiel.
Sea o no completamente cierta la historia, lo que sí está claro es que pocos nombres describen tan bien el papel estratégico que desempeñó esta fortaleza durante siglos.
Qué ver en Peñafiel
El Castillo de Peñafiel, uno de los castillos más bonitos de Valladolid
Me quedé fascinada al verlo por primera vez desde la carretera. Allí arriba, dominando todo Peñafiel, aparecía una fortaleza larguísima que parecía imposible que pudiera sostenerse sobre aquella estrecha cresta de roca.
Durante todo el fin de semana no dejé de fotografiarlo desde distintos rincones. Al amanecer, al atardecer, de noche… Cada rincón ofrecía una perspectiva distinta. Y ahora que por fin lo conozco, puedo decir sin miedo a equivocarme que me parece uno de los castillos más bonitos de Valladolid y, probablemente, de toda España.
No es casualidad que reciba el sobrenombre de «El Buque de Castilla«. Su planta estrecha y alargada, perfectamente adaptada a la cima del cerro donde se levanta, hace que visto de frente recuerde a la proa de un barco navegando sobre los valles del Duero.
Sus aproximadamente 210 metros de longitud, frente a apenas 35 metros de anchura, contribuyen todavía más a esa espectacular ilusión óptica.
Aunque sus orígenes se remontan a la Edad Media, el aspecto que contemplamos hoy se debe a la gran reconstrucción llevada a cabo en el siglo XV, siguiendo el modelo de la llamada Escuela de Valladolid, uno de los grandes referentes de la arquitectura militar castellana.
No es solo bonito por fuera. Su interior también merece mucho la pena y permite entender la enorme importancia estratégica que tuvo esta fortaleza durante siglos.
Y la buena noticia es que el castillo también puede visitarse por dentro.
La visita es siempre guiada, dura casi 2 horas, e incluye también el interesante Museo Provincial del Vino, ubicado en el interior de la fortaleza, por lo que merece mucho la pena reservar un rato para conocer ambos espacios.
💡 Mi consejo
Las visitas se realizan en horarios concretos y, especialmente los fines de semana, suelen llenarse. Para evitar llegar y tener que esperar a la siguiente visita, te recomiendo reservar las entradas con antelación.
Cuando lo visité, la entrada costaba 6,60 €, aunque te recomiendo consultar el precio actualizado antes de ir.👉 Puedes consultar horarios y reservar aquí: Castillo de Peñafiel + Museo del Vino
Convento Las Claras: dormir con vistas al Castillo de Peñafiel
Si hay un alojamiento que merece una mención especial en Peñafiel, es el antiguo Convento de Las Claras. Durante más de tres siglos fue un convento de clausura habitado por monjas clarisas y, hoy, se ha transformado en uno de los mejores hoteles de Peñafiel: el AZZ Peñafiel Las Claras Hotel & Spa.
Pasear por sus pasillos es hacerlo entre muros cargados de historia. Todavía se conservan numerosos elementos del antiguo convento que recuerdan cuál fue la vida entre estas paredes durante siglos, y esa mezcla entre patrimonio e historia hace que alojarse aquí sea una experiencia muy diferente a la de un hotel convencional.
La joya monumental del conjunto es la Iglesia de Las Claras, terminada en 1698. Su planta octogonal, la gran cúpula decorada con yeserías y pinturas, y sus retablos barrocos la convierten en uno de los templos más singulares de Peñafiel.
Otro rincón muy especial es la antigua capilla del convento, donde hoy se encuentra el restaurante Conde Lucanor. Conserva buena parte de la esencia del edificio original, de modo que desayunar o cenar allí tiene un encanto difícil de explicar.
El hotel también cuenta con un agradable spa, perfecto para relajarse después de recorrer Peñafiel, especialmente en invierno. Pero si tengo que quedarme con un rincón, lo tengo claro: la piscina exterior. En verano, bañarte mientras contemplas el Castillo de Peñafiel dominando el horizonte es uno de esos pequeños lujos que hacen que un viaje sea todavía más especial.
Si buscas un alojamiento con personalidad, historia y probablemente las mejores vistas al Castillo de Peñafiel, difícilmente encontrarás una opción mejor.
👉 Consultar disponibilidad y precios del AZZ Peñafiel Las Claras Hotel & Spa
Plaza del Coso: una plaza medieval que se transforma en plaza de toros
Si hay un rincón de Peñafiel que consiguió sorprenderme casi tanto como su castillo, fue la Plaza del Coso.
Su origen se remonta a la Edad Media y está formada por 48 edificios, todos diferentes entre sí, con preciosos balcones de madera y las características guardamalletas, que son los aleros de madera que rematan las fachadas y le dan ese aspecto tan singular. Muchos de esos balcones conservan todavía el histórico Derecho de Vistas o Servidumbre de Balcón, una antigua tradición por la que los balcones se utilizaban como palcos privilegiados durante los festejos taurinos.
Pero lo más llamativo llega cuando te asomas a ella por primera vez. Si nadie te hubiera dicho que estabas en la plaza mayor de un pueblo, probablemente pensarías que acabas de entrar en una plaza de toros. La plaza tiene suelo de albero y mantiene ese aspecto tan característico, algo que desconcierta por completo la primera vez que la ves. Y tiene una explicación: este espacio, conocido antiguamente como El Corro, lleva siglos utilizándose para celebrar festejos taurinos, lo que la convierte en una de las plazas de toros más antiguas de España.
Más allá de su historia, me pareció uno de los rincones con más encanto de Peñafiel. Pasear entre sus balcones de madera ya merece la pena, pero la estampa se vuelve aún más especial cuando levantas la vista y aparece el Castillo de Peñafiel dominando el cerro al fondo. Una estampa preciosa que resume a la perfección la esencia de esta villa.
Bodegas subterráneas y luceras: el Peñafiel que se esconde bajo tierra
Algo que me llamó muchísimo la atención de Peñafiel fueron las decenas de pequeñas chimeneas que sobresalen de la ladera del castillo. Se conocen como luceras y no son chimeneas al uso, sino los respiraderos de las tradicionales bodegas subterráneas de la villa. Gracias a ellas se ventilan y mantienen una temperatura prácticamente constante durante todo el año, algo fundamental en una villa que vive estrechamente ligada al vino y que se encuentra en pleno corazón de la Ribera del Duero, rodeada de viñedos y bodegas tan conocidas como Protos.
Mientras las observábamos y fotografiábamos, ocurrió una de esas casualidades que hacen especiales los viajes. Un vecino nos preguntó si queríamos conocer una de aquellas bodegas por dentro. Imagina nuestra respuesta.
Allí pasamos un rato magnífico con Jaime y Jesús, que nos enseñaron dos de sus bodegas subterráneas. Recorrimos sus galerías, escuchamos historias de generaciones pasadas y terminamos brindando con varios de sus vinos servidos en unas preciosas jarras de barro, algunas de ellas decoradas con el Castillo de Peñafiel, acompañados de chorizo y salchichón caseros. Una hospitalidad de las que ya quedan pocas.
Mientras en la calle el termómetro superaba los 30 ºC, dentro de la bodega apenas había unos agradables 14 ºC. Comprendí entonces por qué estas construcciones han sido durante siglos el lugar perfecto para elaborar y conservar el vino.
Sin duda, fue una de las experiencias más auténticas y especiales que me llevé de Peñafiel.
Torre del Reloj: el último recuerdo de la antigua Iglesia de San Esteban
Muy cerca de la zona de las luceras se alza la Torre del Reloj, uno de esos lugares junto a los que probablemente pasarías sin imaginar la historia que esconden.
Es el único vestigio que se conserva de la desaparecida Iglesia de San Esteban, un templo románico levantado en el siglo XI. La torre fue reformada un siglo después y, desde hace siglos, ha seguido marcando el ritmo de la vida en Peñafiel.
Su reloj está documentado al menos desde el año 1532, aunque la maquinaria actual, de origen francés, fue instalada en 1884 y todavía hoy se mantiene manualmente una vez por semana. Un pequeño detalle que demuestra cómo algunas tradiciones siguen muy vivas.
Iglesia de San Miguel de Reoyo: un pequeño tesoro que encontramos abierto
De camino hacia la Plaza del Coso nos encontramos con la Iglesia de San Miguel. Desde fuera ya llama la atención su sobria fachada de estilo herreriano, levantada a finales del siglo XVI, aunque todavía conserva restos de la antigua iglesia románica del siglo XII sobre la que se alza la torre.
Tuvimos la suerte de encontrarla abierta y pudimos entrar a visitarla, algo que siempre agradezco cuando viajo. En su interior conserva una interesante pila bautismal medieval y varios retablos barrocos procedentes de otras iglesias desaparecidas de Peñafiel. Es uno de esos lugares que quizá no aparecen entre los grandes imprescindibles, pero que merece la pena descubrir si te encuentras la puerta abierta.
Convento de San Pablo: el edificio que esconde un antiguo alcázar
Muy cerca de allí se encuentra el Convento de San Pablo, otro de los edificios históricos que merece una parada. Lo primero que me llamó la atención fue su elegante fachada de ladrillo, con sus característicos ventanales de influencia mudéjar, muy diferentes a los que había visto hasta ese momento en la villa.
Pocos imaginan que este convento se levanta sobre el antiguo alcázar palaciego que mandó construir Alfonso X el Sabio. Años más tarde, el infante Don Juan Manuel lo cedió a la orden dominica con la condición de que se construyera aquí un convento.
Su iglesia, de estilo gótico-mudéjar y construida en el siglo XIV, alberga además la Capilla Funeraria de la familia Manuel, realizada posteriormente en estilo plateresco por orden de Juan Manuel de Belmonte, considerado el primer caballero español de la Orden del Toisón de Oro. Un rincón donde la historia de Peñafiel vuelve a aparecer en cada detalle.
Iglesia de Santa María y el Museo de Arte Sacro
En pleno centro histórico de Peñafiel se encuentra la Iglesia de Santa María, conocida antiguamente como Santa María de Mediavilla por su ubicación en el corazón de la villa.
El edificio es una mezcla de estilos románico, gótico, plateresco y barroco, fruto de las diferentes ampliaciones y reformas que ha experimentado a lo largo de los siglos. Además, durante mucho tiempo acogió el archivo de la villa y el de los hidalgos de Peñafiel.
En la actualidad alberga el Museo Comarcal de Arte Sacro, donde se exponen esculturas, pinturas, documentos históricos, piezas arqueológicas y una interesante colección de orfebrería y cruces procesionales de plata procedentes de toda la comarca del Campo de Peñafiel.
Aunque en mi visita no tuve ocasión de entrar, me lo apunto para la próxima vez, porque tiene muy buena pinta para quienes disfrutan descubriendo la historia y el patrimonio de cada destino.
Fotografiar la luna llena con el Castillo de Peñafiel
Al principio de este artículo te contaba que, además de conocer Peñafiel, había otro motivo que nos había llevado hasta allí. Fotografiar el Castillo de Peñafiel con la luna llena.
Para conseguirlo no basta con esperar a que haya luna llena. Hay que planificar con bastante antelación el lugar exacto desde el que fotografiarla y el momento preciso en el que la luna aparece por el horizonte. En nuestro caso utilizamos una aplicación que nos permitió calcular el punto desde el que debíamos situarnos, a varios kilómetros del castillo, para que la luna pareciera enorme.
Todo iba perfecto… hasta que, en el momento más esperado, una nube decidió convertirse en la protagonista de la noche. La luna comenzó a salir justo donde habíamos previsto, pero permaneció oculta durante los primeros minutos y no pudimos verla completa hasta que ya había ascendido bastante sobre el castillo.
Aun así, la fotografía mereció completamente la pena. Y, sobre todo, nos llevamos algo incluso mejor que la imagen: una de esas noches en las que conoces a otros fotógrafos, compartes conversación mientras esperas la salida de la luna y descubres que, muchas veces, lo mejor de la fotografía ocurre incluso antes de pulsar el disparador.
Más adelante prepararé un artículo contándote todos los detalles de esta fotografía. Aunque esta vez la nube nos jugó una mala pasada, estoy segura de que volveremos a intentarlo. Porque si algo he aprendido es que las mejores fotografías casi nunca salen al primer intento.
Si te has quedado con ganas de seguir descubriendo la provincia, te recomiendo leer también mi guía sobre qué ver en Medina del Campo, otra de las grandes villas históricas de Valladolid, famosa por el Castillo de la Mota y el legado de Isabel la Católica.
Lo que más me sorprendió de Peñafiel
🏰 Un castillo que parece un barco.
🌙 La posibilidad de fotografiar la luna llena con el Castillo de Peñafiel.
🛏️ Un antiguo convento con unas vistas espectaculares al Castillo de Peñafiel donde puedes dormir.
🍷 Un museo del vino dentro del propio castillo.
🏛️ Una plaza medieval con balcones de madera que se transforma en plaza de toros.
¿Por qué Peñafiel se llama así?
Cuenta la tradición que esta villa recibió su nombre en el año 1013, cuando el conde castellano Sancho García reconquistó la fortaleza que hasta entonces estaba en poder musulmán.
Según la leyenda, al contemplar la fortaleza exclamó: «Desde hoy esta será la peña más fiel de Castilla». Con el paso del tiempo, aquella expresión habría dado origen al nombre de Peñafiel.
Sea o no completamente cierta la historia, lo que sí está claro es que pocos nombres describen tan bien el papel estratégico que desempeñó esta fortaleza durante siglos.
Qué ver en Peñafiel
El Castillo de Peñafiel, uno de los castillos más bonitos de Valladolid
Me quedé fascinada al verlo por primera vez desde la carretera. Allí arriba, dominando todo Peñafiel, aparecía una fortaleza larguísima que parecía imposible que pudiera sostenerse sobre aquella estrecha cresta de roca.
Durante todo el fin de semana no dejé de fotografiarlo desde distintos rincones. Al amanecer, al atardecer, de noche… Cada rincón ofrecía una perspectiva distinta. Y ahora que por fin lo conozco, puedo decir sin miedo a equivocarme que me parece uno de los castillos más bonitos de Valladolid y, probablemente, de toda España.
No es casualidad que reciba el sobrenombre de «El Buque de Castilla«. Su planta estrecha y alargada, perfectamente adaptada a la cima del cerro donde se levanta, hace que visto de frente recuerde a la proa de un barco navegando sobre los valles del Duero.
Sus aproximadamente 210 metros de longitud, frente a apenas 35 metros de anchura, contribuyen todavía más a esa espectacular ilusión óptica.
Aunque sus orígenes se remontan a la Edad Media, el aspecto que contemplamos hoy se debe a la gran reconstrucción llevada a cabo en el siglo XV, siguiendo el modelo de la llamada Escuela de Valladolid, uno de los grandes referentes de la arquitectura militar castellana.
No es solo bonito por fuera. Su interior también merece mucho la pena y permite entender la enorme importancia estratégica que tuvo esta fortaleza durante siglos.
Y la buena noticia es que el castillo también puede visitarse por dentro.
La visita es siempre guiada, dura casi 2 horas, e incluye también el interesante Museo Provincial del Vino, ubicado en el interior de la fortaleza, por lo que merece mucho la pena reservar un rato para conocer ambos espacios.
💡 Mi consejo
Las visitas se realizan en horarios concretos y, especialmente los fines de semana, suelen llenarse. Para evitar llegar y tener que esperar a la siguiente visita, te recomiendo reservar las entradas con antelación.
Cuando lo visité, la entrada costaba 6,60 €, aunque te recomiendo consultar el precio actualizado antes de ir.👉 Puedes consultar horarios y reservar aquí: Castillo de Peñafiel + Museo del Vino
Convento Las Claras: dormir con vistas al Castillo de Peñafiel
Si hay un alojamiento que merece una mención especial en Peñafiel, es el antiguo Convento de Las Claras. Durante más de tres siglos fue un convento de clausura habitado por monjas clarisas y, hoy, se ha transformado en uno de los mejores hoteles de Peñafiel: el AZZ Peñafiel Las Claras Hotel & Spa.
Pasear por sus pasillos es hacerlo entre muros cargados de historia. Todavía se conservan numerosos elementos del antiguo convento que recuerdan cuál fue la vida entre estas paredes durante siglos, y esa mezcla entre patrimonio e historia hace que alojarse aquí sea una experiencia muy diferente a la de un hotel convencional.
La joya monumental del conjunto es la Iglesia de Las Claras, terminada en 1698. Su planta octogonal, la gran cúpula decorada con yeserías y pinturas, y sus retablos barrocos la convierten en uno de los templos más singulares de Peñafiel.
Otro rincón muy especial es la antigua capilla del convento, donde hoy se encuentra el restaurante Conde Lucanor. Conserva buena parte de la esencia del edificio original, de modo que desayunar o cenar allí tiene un encanto difícil de explicar.
El hotel también cuenta con un agradable spa, perfecto para relajarse después de recorrer Peñafiel, especialmente en invierno. Pero si tengo que quedarme con un rincón, lo tengo claro: la piscina exterior. En verano, bañarte mientras contemplas el Castillo de Peñafiel dominando el horizonte es uno de esos pequeños lujos que hacen que un viaje sea todavía más especial.
Si buscas un alojamiento con personalidad, historia y probablemente las mejores vistas al Castillo de Peñafiel, difícilmente encontrarás una opción mejor.
👉 Consultar disponibilidad y precios del AZZ Peñafiel Las Claras Hotel & Spa
Plaza del Coso: una plaza medieval que se transforma en plaza de toros
Si hay un rincón de Peñafiel que consiguió sorprenderme casi tanto como su castillo, fue la Plaza del Coso.
Su origen se remonta a la Edad Media y está formada por 48 edificios, todos diferentes entre sí, con preciosos balcones de madera y las características guardamalletas, que son los aleros de madera que rematan las fachadas y le dan ese aspecto tan singular. Muchos de esos balcones conservan todavía el histórico Derecho de Vistas o Servidumbre de Balcón, una antigua tradición por la que los balcones se utilizaban como palcos privilegiados durante los festejos taurinos.
Pero lo más llamativo llega cuando te asomas a ella por primera vez. Si nadie te hubiera dicho que estabas en la plaza mayor de un pueblo, probablemente pensarías que acabas de entrar en una plaza de toros. La plaza tiene suelo de albero y mantiene ese aspecto tan característico, algo que desconcierta por completo la primera vez que la ves. Y tiene una explicación: este espacio, conocido antiguamente como El Corro, lleva siglos utilizándose para celebrar festejos taurinos, lo que la convierte en una de las plazas de toros más antiguas de España.
Más allá de su historia, me pareció uno de los rincones con más encanto de Peñafiel. Pasear entre sus balcones de madera ya merece la pena, pero la estampa se vuelve aún más especial cuando levantas la vista y aparece el Castillo de Peñafiel dominando el cerro al fondo. Una estampa preciosa que resume a la perfección la esencia de esta villa.
Bodegas subterráneas y luceras: el Peñafiel que se esconde bajo tierra
Algo que me llamó muchísimo la atención de Peñafiel fueron las decenas de pequeñas chimeneas que sobresalen de la ladera del castillo. Se conocen como luceras y no son chimeneas al uso, sino los respiraderos de las tradicionales bodegas subterráneas de la villa. Gracias a ellas se ventilan y mantienen una temperatura prácticamente constante durante todo el año, algo fundamental en una villa que vive estrechamente ligada al vino y que se encuentra en pleno corazón de la Ribera del Duero, rodeada de viñedos y bodegas tan conocidas como Protos.
Mientras las observábamos y fotografiábamos, ocurrió una de esas casualidades que hacen especiales los viajes. Un vecino nos preguntó si queríamos conocer una de aquellas bodegas por dentro. Imagina nuestra respuesta.
Allí pasamos un rato magnífico con Jaime y Jesús, que nos enseñaron dos de sus bodegas subterráneas. Recorrimos sus galerías, escuchamos historias de generaciones pasadas y terminamos brindando con varios de sus vinos servidos en unas preciosas jarras de barro, algunas de ellas decoradas con el Castillo de Peñafiel, acompañados de chorizo y salchichón caseros. Una hospitalidad de las que ya quedan pocas.
Mientras en la calle el termómetro superaba los 30 ºC, dentro de la bodega apenas había unos agradables 14 ºC. Comprendí entonces por qué estas construcciones han sido durante siglos el lugar perfecto para elaborar y conservar el vino.
Sin duda, fue una de las experiencias más auténticas y especiales que me llevé de Peñafiel.
Torre del Reloj: el último recuerdo de la antigua Iglesia de San Esteban
Muy cerca de la zona de las luceras se alza la Torre del Reloj, uno de esos lugares junto a los que probablemente pasarías sin imaginar la historia que esconden.
Es el único vestigio que se conserva de la desaparecida Iglesia de San Esteban, un templo románico levantado en el siglo XI. La torre fue reformada un siglo después y, desde hace siglos, ha seguido marcando el ritmo de la vida en Peñafiel.
Su reloj está documentado al menos desde el año 1532, aunque la maquinaria actual, de origen francés, fue instalada en 1884 y todavía hoy se mantiene manualmente una vez por semana. Un pequeño detalle que demuestra cómo algunas tradiciones siguen muy vivas.
Iglesia de San Miguel de Reoyo: un pequeño tesoro que encontramos abierto
De camino hacia la Plaza del Coso nos encontramos con la Iglesia de San Miguel. Desde fuera ya llama la atención su sobria fachada de estilo herreriano, levantada a finales del siglo XVI, aunque todavía conserva restos de la antigua iglesia románica del siglo XII sobre la que se alza la torre.
Tuvimos la suerte de encontrarla abierta y pudimos entrar a visitarla, algo que siempre agradezco cuando viajo. En su interior conserva una interesante pila bautismal medieval y varios retablos barrocos procedentes de otras iglesias desaparecidas de Peñafiel. Es uno de esos lugares que quizá no aparecen entre los grandes imprescindibles, pero que merece la pena descubrir si te encuentras la puerta abierta.
Convento de San Pablo: el edificio que esconde un antiguo alcázar
Muy cerca de allí se encuentra el Convento de San Pablo, otro de los edificios históricos que merece una parada. Lo primero que me llamó la atención fue su elegante fachada de ladrillo, con sus característicos ventanales de influencia mudéjar, muy diferentes a los que había visto hasta ese momento en la villa.
Pocos imaginan que este convento se levanta sobre el antiguo alcázar palaciego que mandó construir Alfonso X el Sabio. Años más tarde, el infante Don Juan Manuel lo cedió a la orden dominica con la condición de que se construyera aquí un convento.
Su iglesia, de estilo gótico-mudéjar y construida en el siglo XIV, alberga además la Capilla Funeraria de la familia Manuel, realizada posteriormente en estilo plateresco por orden de Juan Manuel de Belmonte, considerado el primer caballero español de la Orden del Toisón de Oro. Un rincón donde la historia de Peñafiel vuelve a aparecer en cada detalle.
Iglesia de Santa María y el Museo de Arte Sacro
En pleno centro histórico de Peñafiel se encuentra la Iglesia de Santa María, conocida antiguamente como Santa María de Mediavilla por su ubicación en el corazón de la villa.
El edificio es una mezcla de estilos románico, gótico, plateresco y barroco, fruto de las diferentes ampliaciones y reformas que ha experimentado a lo largo de los siglos. Además, durante mucho tiempo acogió el archivo de la villa y el de los hidalgos de Peñafiel.
En la actualidad alberga el Museo Comarcal de Arte Sacro, donde se exponen esculturas, pinturas, documentos históricos, piezas arqueológicas y una interesante colección de orfebrería y cruces procesionales de plata procedentes de toda la comarca del Campo de Peñafiel.
Aunque en mi visita no tuve ocasión de entrar, me lo apunto para la próxima vez, porque tiene muy buena pinta para quienes disfrutan descubriendo la historia y el patrimonio de cada destino.
Fotografiar la luna llena con el Castillo de Peñafiel
Al principio de este artículo te contaba que, además de conocer Peñafiel, había otro motivo que nos había llevado hasta allí. Fotografiar el Castillo de Peñafiel con la luna llena.
Para conseguirlo no basta con esperar a que haya luna llena. Hay que planificar con bastante antelación el lugar exacto desde el que fotografiarla y el momento preciso en el que la luna aparece por el horizonte. En nuestro caso utilizamos una aplicación que nos permitió calcular el punto desde el que debíamos situarnos, a varios kilómetros del castillo, para que la luna pareciera enorme.
Todo iba perfecto… hasta que, en el momento más esperado, una nube decidió convertirse en la protagonista de la noche. La luna comenzó a salir justo donde habíamos previsto, pero permaneció oculta durante los primeros minutos y no pudimos verla completa hasta que ya había ascendido bastante sobre el castillo.
Aun así, la fotografía mereció completamente la pena. Y, sobre todo, nos llevamos algo incluso mejor que la imagen: una de esas noches en las que conoces a otros fotógrafos, compartes conversación mientras esperas la salida de la luna y descubres que, muchas veces, lo mejor de la fotografía ocurre incluso antes de pulsar el disparador.
Más adelante prepararé un artículo contándote todos los detalles de esta fotografía. Aunque esta vez la nube nos jugó una mala pasada, estoy segura de que volveremos a intentarlo. Porque si algo he aprendido es que las mejores fotografías casi nunca salen al primer intento.
Si te has quedado con ganas de seguir descubriendo la provincia, te recomiendo leer también mi guía sobre qué ver en Medina del Campo, otra de las grandes villas históricas de Valladolid, famosa por el Castillo de la Mota y el legado de Isabel la Católica.










