Bodega de los Secretos, restaurante en la bodega más antigua de Madrid

Hacía tiempo que no disfrutaba de una cena como el pasado martes en la Bodega de los Secretos en Madrid. Supongo que coincidieron varios elementos: escenario bonito, comida deliciosa y buena compañía. Todo ello ayudó a que viviéramos una velada maravillosa. Hoy te cuento mi experiencia en el que es uno de los restaurantes más románticos de Madrid.

Bodega de los Secretos

Algunos datos de la Bodega de los Secretos

Dónde está la Bodega de los Secretos

El restaurante Bodega de los Secretos se encuentra en pleno centro de Madrid, en la calle San Blas número 4, a apenas cinco minutos de Atocha. Además, ahora que el Paseo del Prado y El Retiro han sido declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO, es hora de plantearte conocerlo si aún no lo has hecho, o volver a disfrutar de él. El final perfecto tras tu paseo puede ser el cercano Restaurante Bodega de los Secretos.


Localización de la Bodega de los Secretos en Madrid

Cómo llegar a la Bodega de los Secretos

Aunque pertenece a Madrid Central, puedes llegar hasta el restaurante en coche, y aparcar en uno de los parking públicos cercanos, que hay varios, y es algo que sí está permitido. Si lo prefieres, también puedes llegar hasta la Bodega de los Secretos en metro. Las estaciones más cercanas son Antón Martín o la Estación del Arte (antes llamada Atocha).

Bodega de los Secretos

Historia de la Bodega de los Secretos

A la entrada del restaurante, te espera un hall moderno, y enseguida unas escaleras que te adentran en el misterioso mundo de la Bodega de los Secretos.

El origen de la bodega

Esperaba encontrar sólo un restaurante con encanto en el que cenar bien, y me sorprendió la gran cantidad de secretos que esconden sus paredes. Después de conocerlos, fue fácil comprender por qué se llama Bodega de los Secretos.

Su historia comienza a mediados del siglo XVII. En aquella época esta zona de Madrid estaba rodeada de campos de cultivo, y el tabernero Pedro Martínez de la Membrilla creó en su casa la primera galería que ofrecía las condiciones perfectas para poder madurar y conservar vino. Fue así como se construyó la primera bodega de la zona para la producción de vino, y la bodega más antigua del centro de Madrid.

Me sorprendió e incluso gustó saber que estábamos pisando debajo de donde estuvo en su día la muralla de Madrid. Un plano en las paredes de la bodega lo recuerda.

Plano de Madrid en 1656

La ubicación de la Bodega de los Secretos tuvo gran importancia en la historia de Madrid. En el siglo XVII implantaron la sisa, un impuesto que había que pagar para vender mercancías en Madrid, y se pagaba a la entrada a la ciudad. Algunos comerciantes, para evitar el pago de este tributo, construyeron unos túneles subterráneos que comunicaban la ciudad con el exterior, gracias al que introducían la mercancía de contrabando, sin pagar los impuestos correspondientes.

Se cree que al menos dos pasadizos clandestinos pasaban por la bodega. Lo más curioso es que durante la restauración de la Bodega de los Secretos, fueron descubiertas algunas de las entradas a este túnel, y aún hoy día puedes ver una junto a una de las mesas del restaurante. Uno de los túneles comunica la bodega con lo que hoy día es el Museo Reina Sofía.

Túnel en la Bodega de los Secretos

Túnel secreto de la Bodega de los Secretos

En otra de las paredes puedes ver esta raya gris, que era la antigua entrada a la bodega.

Antigua entrada a la Bodega de los Secretos

Y algo sorprendente son estos triángulos símbolos de la masonería.

Triángulo masónico

En algunas paredes puedes diferenciar los dos materiales que se utilizaron en su construcción: ladrillo y sílex. Este último es perfecto para las bodegas, porque no permite cambios de temperatura, aunque con la aparición del impuesto sisa, ya no trajeron más sílex. Toda esta parte originaria de la bodega tiene 400 años de antigüedad.

Ladrillo y sílex

Por cierto algo que me resultó también muy curioso fueron dos espejos en los que habían escrito, en el primero, unos logaritmos matemáticos, en concreto de trigonometría. Yo, como matemática que soy, no pude despegar los ojos del espejo. Y en el segundo había unas fórmulas químicas.

Espejo con fórmulas matemáticas

La bodega en el siglo XVIII

Recorriendo el laberinto abovedado de la bodega, llegamos hasta una zona que se creó unos 130 años después, es decir, a finales del siglo XVIII, cuando la bodega pasó a propiedad de lo monjes de San Felipe Neri. Los monjes mandaban en el mundo del vino, e hicieron reforma en una parte de la bodega de tal forma que pareciera más un claustro románico. Cada una de las hornacinas eran las celdas donde dormían los monjes.

Especie de claustro de la Bodega de los Secretos

En esta zona, digamos nueva, también encuentras algunas curiosidades. En alguna pared encuentras la huella de un obrero, una tradición habitual antiguamente.

Huella de obrero

Debajo de algunas mesas puedes ver dónde se colocaban las tinajas, y también otra entrada al túnel. Y también la bodega tiene varias chimeneas que son necesarias para que se airee el vino, y en esta zona está la más grande de ellas.

La bodega en los siglos XIX y XX

En los últimos siglos la bodega se convirtió en refugio. Primero en 1808, cuando las tropas de Napoleón no consiguieron encontrar a los madrileños que se escondieron entre sus paredes. Y las celdas de los monjes también terminaron siendo refugio de los bombardeos durante la Guerra Civil española, y después celdas de prisioneros durante la dictadura de Franco. En la última restauración fue descubierto este revólver de la Guerra Civil.

Revólver de la Guerra Civil

La Bodega de los Secretos en el cine

Antes de ser restaurante, en los corredores de la Bodega de los Secretos se han rodado escenas de las series «El águila roja» y «Ángel o demonio». También ha sido escenario de ruedas de prensa y exposiciones de arte.

El restaurante Bodega de los Secretos

No fue hasta 2013 que la bodega fue restaurada y acondicionada, convirtiéndose en el restaurante que es hoy, un lugar que no deja indiferente a nadie. Uno de los restaurantes más bonitos y románticos de Madrid, alojado en la bodega más antigua del centro de Madrid.

Bodega de los Secretos

Cueva roja de la Bodega de los Secretos

Cena en el restaurante Bodega de los Secretos

Después de hacer la ruta turística de la Bodega de los Secretos, ya nos sentamos en nuestra mesa. Habíamos reservado para dos, y nos asignaron esta cueva tan bonita y acogedora. A nuestros pies, un cristal nos separaba de donde se colocaban las tinajas.

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Y aunque hubo un ir y venir de comensales, e incluso tuvimos a otra pareja comiendo en la cueva de enfrente, el lugar es muy tranquilo y silencioso.

Ahora sí, vamos por fin a la comida. Tienen platos de carta y un fantástico «menú boutique» que enseguida nos convenció, porque así podíamos hacer una degustación de mayor cantidad de platos, que para el restaurante además eran sus platos más representativos. El precio de este menú son 35 euros por persona, y consiste en los 8 platos que te contamos a continuación.

Carta de la Bodega de los Secretos

Aperitivos

El menú comienza con un gazpacho fresquito y atípico. Debiera haber sido de cerezas del Jerte, pero no quedaban y lo sustituyeron por un gazpacho de frutos rojos. Me pareció muy original, nunca había probado un gazpacho similar. Tiene como un toque ácido y dulce a la vez, y es perfecto para ser pleno agosto.

Gazpacho de frutos rojos

El segundo aperitivo fueron estas zamburiñas braseadas en aroma de cítricos. ¿Qué decir de las zamburiñas? Deliciosas. Siempre que las he probado me han encantado, en diferentes maneras, me parece un plato muy ganador. En éstas se notaba el saborcito a limón.

Zamburiñas braseadas

Entrantes

Llegó el pulpo a la brasa, aderezado con una salsa amarilla y naranja, que era cremoso de patata trufada y aceite de pimentón de la vera. Me pareció una auténtica delicia, y uno de los platos que más me gustó del menú.

Pulpo a la brasa de Bodega de los Secretos

El segundo entrante fueron lo que en la Bodega de los Secretos llaman huevos cabreados. Nosotros no conocíamos el plato y nos pareció muy original, aunque luego supimos que no era invento de ellos, sino que la receta como tal existe, y ellos le han dado su propio toque. El aspecto es el de unos huevos rotos con salsa brava. Los huevos cabreados de la Bodega de los Secretos tenían patatas, huevos y bacon, y no llevan la salsa brava típica, sino una salsa de ibérico ahumado con toque picante.

Huevos cabreados de la Bodega de los Secretos

Platos principales de la tierra y el mar

Los platos principales del menú boutique son un plato de carne y otro de pescado. Primero comimos rulo de rabo de toro con salsa de garnacha, setas y muselina de patata. El rabo de toro no es algo que me guste especialmente, en verdad lo he visto comer, pero nunca lo he comido. Y aunque he de decir que cuando lo había visto, nunca me había atraído, el rabo de toro de la Bodega de los Secretos está como desmenuzado y compactado, y es súper agradable de comer, además de que está también muy sabroso.

Rulo de rabo de toro de la Bodega de los Secretos

El plato del mar fue tataki de atún, exactamente tataki tierno de bonito de Guetaria con aroma de lima y semicrujiente de verduras. El tataki es un plato que también nos gusta mucho. Las verduras eran zanahoria y una especie de judías verdes que se llaman tirabeques. Primera vez que lo escuchaba, parece que son originarias de Perú. Lo cierto es que estaban muy crujientitas y ricas.

Tataki de atún de la Bodega de los Secretos

Los postres

Finalizamos el menú con estos postres. Por un lado un sorbete de mojito y un sorbete de mango, con aspecto de bola de helado. Al principio me pareció que me gustaba más el de mojito, que de verdad, sabe a mojito. Pero al final me decanté por el de mango, que está más suavecito, como aterciopelado.

Sorbete de mojito y sorbete de mango

Y para finalizar, esta tarta de queso casera semitemplada. Nos pareció espectacular. Una de las tartas de queso más ricas que he probado. Muy suavecita, muy esponjosa, una auténtica delicia.

Tarta de queso de la Bodega de los Secretos

Aunque al principio de la cena no sabríamos si podríamos quedarnos con hambre, lo cierto es que los platos van in crescendo, y poquito a poquito te vas llenando bastante. Terminamos muy satisfechos con todo: la cantidad y variedad de comida, la calidad, el sabor, y la atención de todo el personal. Pasamos una magnífica velada, y ya estamos pensando en volver, porque volveremos, a cenar en el Restaurante Bodega de los Secretos.

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wircky

Me llamo Cristina. Me apasiona la fotografía, viajar y escribir, así que en 2014 decidí combinar mis 3 aficiones, y surgió Los viajes de Wircky.

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