Fotografía de viajes: cómo la cámara cambió mi forma de viajar

Este año quiero dar un pequeño giro al blog. Porque, casi sin darme cuenta, en los últimos tres años mis viajes han cambiado. Ya no viajo solo para ver lugares, sino para mirarlos.

La fotografía de viajes ha pasado de ser un complemento a convertirse en el centro de muchas experiencias: me ha hecho parar, volver, esperar, y vivir los destinos de otra manera. Me ha regalado momentos únicos, personas increíbles y amistades que han nacido alrededor de una cámara.

Y siento que ha llegado el momento de contar también esa historia. La que ocurre detrás de la foto, no solo delante del paisaje. La historia de cómo la fotografía de viajes ha cambiado mi forma de mirar y de moverme por el mundo.

Para empezar este nuevo camino, quiero hacerlo por algo muy sencillo y muy personal: mi cámara. Porque al final, es la herramienta que me acompaña en cada viaje, la que me obliga a parar, a observar y a volver a mirar. Con el tiempo se ha convertido casi en una extensión de mí. A partir de aquí, quiero empezar contando qué equipo fotográfico utilizo, cómo ha ido evolucionando conmigo y por qué hoy fotografío de la forma en que lo hago.

Mis cámarasFoto

Antes de todo: aprender a esperar

Siempre me había llamado la atención la fotografía. De adolescente empecé a hacer fotos con la cámara analógica de mis padres, una Halina 500. De esas en las que cada disparo contaba, porque el carrete era limitado y no había pantalla donde comprobar el resultado.

Hacías la foto imaginando cómo quedaría y luego tocaba esperar. Esperar a terminar el carrete. Esperar al revelado. Esperar, incluso, a la decepción, porque muchas veces las fotos no se parecían en nada a lo que habías imaginado en tu cabeza.

Sin saberlo, aquella etapa me enseñó algo fundamental: que la fotografía no va solo de disparar, sino de decidir cuándo hacerlo. Y que la paciencia también forma parte del proceso.

Cámara Halina 500

Los viajes sin expectativas

Más adelante, cuando me independicé y empecé a viajar con más frecuencia, me compré una cámara digital de batalla: una Kodak LS753. Vista hoy, las fotos que hice con ella me parecen flojas, tanto por composición como por calidad. Pero durante varios años cumplió perfectamente su función.

Con esa Kodak congelé muchos rincones del mundo, tanto en viajes personales como de trabajo. Me acompañó por España, por muchos países de Europa y también más lejos: a China, y cruzando océanos hasta Argentina y Chile. No hacía grandes fotos, pero estaba siempre ahí. Y eso era suficiente.

No pensaba demasiado. Disparaba sin miedo, sin expectativas y sin analizar resultados. Guardaba recuerdos. Y, aunque entonces no lo sabía, estaba construyendo un archivo de vivencias que hoy sigo valorando.

Mi primera cámara seria

Durante años, mi fotografía de viajes fue sencilla, sin grandes pretensiones técnicas, pero fundamental para aprender a mirar. Poco a poco empecé a sentir que aquella cámara se me quedaba corta. Coincidió con que varios compañeros de trabajo tenían cámaras réflex y el gusanillo empezó a picar. Miraba, preguntaba, comparaba… y soñaba un poco.

Fue a finales de 2012 cuando compré mi primera cámara réflex. Recuerdo perfectamente la oferta de El Corte Inglés: por 500 euros incluía la cámara, dos objetivos y una mochila. Y así llegó a mis manos mi primera cámara “seria”, por decirlo de alguna manera: la Nikon D3100.

Con ella empezó una etapa completamente distinta. Dejé atrás el modo automático y comencé a disparar en manual. Empecé a fijarme de verdad en la luz, a entender el diafragma, la velocidad de obturación y el ISO. También empecé a mirar muchas fotos, a analizar encuadres y a intentar comprender por qué unas imágenes funcionaban y otras no.

Durante varios años avancé así, de forma bastante autodidacta. Pero llegó un punto en el que sentí que me había estancado. Fue entonces cuando empecé a hojear cursos de fotografía y a apuntarme a talleres: sol, luna, nocturnas, paisajes… Y fue en ese proceso cuando me di cuenta de que mi cámara ya no me acompañaba al nivel que yo estaba buscando. Tocaba dar otro salto.

Cámara Nikon D3100

La cámara con la que todo empezó a encajar

Quería una cámara potente, versátil, que me sirviera para todo lo que tenía en mente, que era mucho. Fueron meses de visitar tiendas de fotografía, de comentar opciones con amigos, de darle vueltas a si APS-C o full-frame, si Nikon o Sony.

Después de muchas dudas y comparaciones, la Sony A7 III llegó a mi vida en mayo de 2023. Y sin exagerar, ha sido una de las mejores compras que he hecho en mi vida.

Coincidieron muchas cosas: una buena cámara, la asistencia a muchos talleres, conocer a gente con la que compartir fotografía, ver muchísimas imágenes, dedicarle tiempo y, sobre todo, disfrutar del proceso. Fue a partir de ese momento cuando empecé a cambiar de verdad mi forma de mirar y de fotografiar. Hoy entiendo la fotografía de viajes no como una forma de documentar lugares, sino como una manera de estar en ellos.

Desde entonces disfruto cada salida y cada viaje fotográfico de una manera distinta, más consciente y más plena. Y también han empezado a llegar pequeñas recompensas que me hacen mucha ilusión… pero esas ya las iré contando con calma.

Cámara Sony A7 III

Foto del avatar

wircky

Me llamo Cristina. Me apasiona la fotografía, viajar y escribir, así que en 2014 decidí combinar mis 3 aficiones, y surgió Los viajes de Wircky.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.